martes, marzo 17, 2009

Como todo proceso, como la mas humilde de las historias secuenciales de la naturaleza, como cualquier evento del mundanal ruido que nos recibe, cumplo un ciclo.

Ya es hora, me lo recuerdan los ladridos de una manada de perritos.

Percibo los sonidos, ya lo habia dicho, pero también percibo los no sonidos y los no silencios tanto como el mutismo.

Que de qué hablo? Elemental como el ciclo del agua, basico como la degradacion de los compuestos organicos... Nada finaliza, no es posible a la materia desaparecer, simplemente no esta en sus capacidades fisicas. Lo que si pasa son los cambios, las evoluciones, las revoluciones cuya gestacion y desarrollo es influido por tan innumerable cantidad de estimulos y situaciones que no llegamos a percibir el orden natural y lo llamamos caos.

Pero todo esto ya lo sabemos. Logico : somos el todo, nos hacemos parte unos de otros, en el fondo - ese fondo donde resuenan todas nuestras verdades y al que no nos gusta prestar mucha atencion - siempre hemos sabido todo acerca de todo, solo que un desafortunado giro evolutivo nos hizo confiarnos mas de lo que ven los ojos que de cualquier otra capacidad perceptiva.

Aaaaaaaahhhhhhh... estoy respirando. Una playa que conoci hace tiempo olia a cascara de sandia, ese olor-a-sabor de algo tan fresco que quita la sed ("
déjale algo a los chanchos, niñita!" me decian cuando escarbaba y escarbaba la sandia llegando hasta el fondo de la cascara). Cuando cumplia 5 años, antes de despertar comencé a soñar con un campo tan verde, con manzanos en flor y pajaritos que trinaban para mi gran deleite... empecé a repetir "mira los pajaritos, qué lindos los pajaritos..." y el sonido de mi propia voz me desperto: al lado de mi cama estaban mi papa y mi mama, silbando y soplando sobre mi frente para despertarme y desearme feliz cumpleaños. Mi abuela nos visitaba cuando viviamos lejos, me llevaba a caminar a la plaza y en el camino me compraba un helado de barquillo: "de piña, para mi niña", decia mi dulce recuerdo, mi amada abuela. Y también me decia "qué quiere la reina mora" y yo, que no sabia de la existencia de los moros, creia que me llamaba mora como las frutitas, como podia ser la reina frambuesa o la reina frutilla.

Después que la muerte del cuerpo sobreviene no queda mas opcion que la resurreccion, no hay otra via, no se nos pregunta si queremos o no, porque ocurre a un nivel en el que no funciona la conciencia.

Como en la muerte d'ailleurs, donde no habia opciones y eso me tranquilizaba : la muerte la resurreccion y la vida no tienen eleccion posible, deben SER, deben ocurrir y no es parte de nuestras facultades modificarlo ni menos evitarlo, somos absolutamente libres de experimentar de ida y de vuela, una y otra vez todos nuestros estados, precisamente porque no podemos dejar de hacerlo! y eso es el descubrimiento que me dio la tierra, es la luz al final del tunel, es la reencarnacion, la vida eterna, el renacimiento...

Solo hace falta una oportunidad para que la semilla que duerme hace decenas de años bajo la tierra salada del desierto pueda asomar en flor y continuar el ciclo de la vida.


viernes, diciembre 19, 2008

Dulce tierra fria, cuna helada de mis restos... No, de mi todo. Es en vida que fui restos de mi: fui secuencias transcurridas en diferentes escenarios, fui el hoy y el ahora, fui fracciones buscando el sentido de su todo, tratando de reconocerlo.

Ahora, en la muerte, por fin soy toda yo. Cuando la variable del tiempo ha desaparecido puedo encontrar todas mis partes definiéndome al unisono, puedo tomar cualquier idea sin considerar el contexto en que se gesto sino solamente su efecto en mi y su causa en mi. Estoy al centro a la vez que estoy fuera.

Evidente constatacion esta, que el tiempo determina la parcialidad, la fraccion, la secuencia. Y que el no-tiempo otorga la totalidad de los tiempos, pero no a la percepcion sino a la esencia.

Al fin YO hago parte de MI sin tener que pensar siquiera en ello, todo solo "es". Nada me es ajeno y puedo desglosar la unidad para entender ya sin urgencia, porque no importa tampoco el resultado, nada cambiara ni para bien ni para mal ni me importa.

Pertenezco a la tierra ya. Y mis huesos se vuelven blandos y dejo a mis minerales volver a esta tierra que me cubre y hago parte de otro todo, como si siempre hubiera sido asi, tan natural...

martes, octubre 07, 2008

Siempre escucho los ruidos, todos ellos: voces que se quejan, voces que cantan, el viento en las hojas, las hojas de un libro pasando entre los dedos, el "crac" de una manzana entre los dientes.
A veces hasta puedo escuchar el sonido de una l
ágrima caer sobre la almohada de plumas que está destinada a sofocarla, cientos de kilometros lejos de mí.
A veces escucho como si me llamaran, pero a esos sonidos no les creo porque, en vida, siempre que acudí, sobré. No, no es verdad, pero ahora que estoy muerta tengo esa impresión.
Cuando estaba viva solía pensar:
Al otro d
ía de muertos mis padres podré al fin morir, porque mi hermano no tendra problemas serios en seguir su ruta y fuera de él, 2 ó 3 personas se entristecerían una semana, quizas, y después 5 ó 6 dias al año durante 2 años más o menos.
El resto
tal vez se diría "pero por qué? parecía alguien tan alegre, tan llena de vida, que gozaba cada segundo al máximo" o incluso alguno que me conociera mas aventuraría un "había algo de triste en el fondo de sus supiros".
Eso pensaba cuando vivía y me angustiaba. Ahora que estoy muerta me doy cuenta que solo pensarlo ya me mataba, me adormecía, me concentraba en otra cosa que el dolor original.
Muchas veces me autocompadecí y lloré hasta deshacerme sobre mis dolores tan invisibles, tan efímeros, tan hondos. Me grité 100 veces, ensordecida bajo la ducha, que era una estúpida, incapaz de tomar las decisiones correctas aunque las conociera.
Conocer las respuestas me hacía inteligente, no hacerme caso me convertía en la mayor de las taradas. It's a choice to stay, it's a dream and I wanna wake.
Es tan curiosa la vida, tan llena de luces y colores, de ruidos, cantos, suspiros, aromas... Todo agit
ándose alrededor en la perfecta cadencia de engranajes invisibles. Pero hace falta agitarse al mismo ritmo para percibirlo, sino todo es una maraña inconexa y borrosa que se escapa a la velocidad del rayo o bien una foto eterna en donde no tenemos opción de movimiento.
Eso le agradezco a la muerte: no hay donde ir, no hay otro camino que seguir, no hay otro peldaño que subir, no hay expectativas que sostener. Se est
á aquí sin esperar nada más... ni nada menos.
Cada vez que recuerdo esto me aferro a mi tierra h
úmeda, aún si ya no tengo dedos.
Cada vez que no puedo respirar agradezco no tener necesidad de hacerlo nunca m
ás y no desesperarme al constatar que mis pulmones no guardan suficiente aire en cada inspiración.
Cada vez que estas cosas pasan por mi mente me gustar
ía que todos pudieran entender que es mejor así para mí, que aquí no hay nada y que eso es todo lo que necesitaba...

martes, junio 03, 2008

Me imagino que, si estuviera viva, sentiría un cosquilleo en el vientre, en los muslos, por los gusanos que me devoran. Pero, cómo puedo imaginar si estoy bien muerta? Tener esta conciencia ya me confunde respecto a mi estado. "Confundirme" es algo que me era tan cotidiano en vida!
Tuve que desarrollar sofisticados sistemas de evaluación y análisis del comportamiento ajeno y propio con el noble fin de dejar de ser blanco de los dardos y veneno letal que se destila en sociedad, pero hubo elementos que nunca percibí con claridad: yo.
Confund
í siempre indiferencia con desprecio, pero no fue de buenas a primeras, no. Fue después de sucesivas constataciones de mi condición de sombra o nube o humo, en la vida de ciertas personas. Pero nunca vi que esa distancia la puse primero yo a causa de una decodificación errónea, de una confusión.
El precio de entender que no somos todos iguales lo pagué al tratar de descifrar al mundo a través de mi c
ódigo individual. Y es que crecí con la perorata de "todos los hombres son iguales", pero cuando se oye ese discurso desde la infancia, se toma a la letra, no se tienen suficientes herramientas cognoscitivas, no se puede profundizar en un mensaje que de literal no tiene nada.
Est
án queriendo decirte "una diferencia de color /nacionalidad /educación, etc. no te autoriza a descalificar, a pasar por encima de los derechos de nadie" y uno, niño, entiende: "somos todos iguales". Punto.
Cuando era chica cre
ía que todos los padres del mundo eran oficiales de policía y todas las madres del mundo eran profesoras. Obvio, si somos todos iguales es normal que la estructura que yo vivía se reprodujera al infinito. Si a mí no me interesa o me cae mal una niñita de mi clase, no me junto con ella en el recreo. Si quien solía ser mi amiguita se va con otra niña al recreo siguiente y no me busca, es que repentinamente dejé de tener interés para ella o hice algo que le cayó mal. Qué dolor, qué pérdida fatal, sufrimiento indecible!
Porque... somos todos iguales, no? Entonces yo creo que ella funciona como yo y me duele y comienzo, poco a poco, a construir una coraza, a poner una distancia con el fin de no sentir m
ás esa pena...
Entonces no me cabe en la cabeza que la chica pueda simplemente ser voluble (ni siquiera conozco esa palabra) o que la otra ni
ña la invitó primero y que, lógico, nada tenía de malo ir con ella! que, más simplemente aun, una persona querida no me pertenece, no está obligada a existir pegada a mí, en función de mi bienestar.
S
í, señoras y señores!!! hay vida más allá de mi pequeño y precioso ombligo.
La prueba m
ás irrefutable: ya no tengo ombligo y allá arriba no cesa el barullo de todo lo viviente...

martes, mayo 13, 2008

El olor a humedad nueva me produce enorme placer. No es como entrar a una casa vieja y sola o abrir una caja abandonada, no: es como percibir a una escala inidentificable el futuro nacimiento de la vida, es como comprender que la lluvia que mojó la tierra, despertó en ella a millones de semillas sedientas portadoras de inmensos árboles frondosos o minúsculas florcitas silvestres. El olor a humedad nueva es el de la esperanza, uno de los más curiosos sentimientos humanos.
Esa capacidad de proyectarse en el futuro incierto -en un tiempo que aun no existe y no es susceptible de manejar- para dirigir los pasos presentes, la capacidad de imaginar, de crear un mundo completo de intangibles orientados a la obtención de la felicidad. El más intangible y subjetivo de todos los bienes posibles de desear. Una felicidad que se sustenta en su condición de evento por venir, de estado no alcanzado, de meritada consecuencia trascendental... Porque si la felicidad se "merece", es porque es un fin y si es el caso, entonces se obtiene cuando ya no hay nada más que hacer? Será por eso que nos preocuparemos tanto de una vida después de la vida?
Qué fin tiene la trascendencia? un símbolo objetivo, un signo de nuestro paso por la tierra que nos asegura que no fuimos invento de nuestra propia imaginación? Nooo!.. hay testimonios concretos de nuestra presencia en el mundo: hay diplomas, hijos, edificios, proyectos ejecutados, autos, amistades, membresías... todo confirma el hecho de haber existido.
Yo no me acuerdo si dejé algun testimonio. No tengo claro si alguien, además de mí, sabe que existí una cantidad de años que, en este momento, me es muy difícil de precisar. Es que no estoy segura si lo que vivencio son recuerdos o son invenciones. No sé si las imágenes corresponden a quien, en vida, se supone que fui.
La unica certeza que tengo de mi existencia, es que la humedad de la tierra penetra mi mortaja y la va deshaciendo a medida que centenas de pequeños gusanos colonizan eso que solía ser mi vientre...

martes, abril 29, 2008

Después de respirar hondo tuve una extraña sensación, como si algo oprimiera mi pecho, así como me pasaba cuando sentía angustia en mi época de viva.
Angustia. Recuerdo la palabra pero no logro asociarle hechos detonantes. Sólo sé que la impresión de tener una roca sobre el pecho me obligaba a concentrarme verdaderamente en el trivial acto de respirar.
A cada respiración mi pecho se inflaba como un globo al borde de la explosión ocupando más y más espacio.
Un acto reflejo, del que tomé conciencia pocos minutos después, me hizo sentir escalofríos: cerré mis puños hasta enterrarme las uñas en las palmas. No logro explicarme como ni por qué, tal vez las características magnético-minerales del suelo en que estoy enterrada propiciaron la conservación - y presente manifestación - de algun viejo errante impulso electroquímico asociado a la angustia.
Todo parece tan lejano.
Me acuerdo cuando se murió mi abuela y me veo a mí misma acurrucada a los pies de mi cama rogando que su alma fuera directo al cielo y no se quedara vagabunda en esta tierra ingrata. Imploré con más fuerzas de las que sabía que tenía. Pedí alguna prueba de que mi demanda era escuchada; observé con angustia cada movimiento que pareciera poco natural, cada cambio de tonalidad de luz, cada ruido inesperado, lo que sea que me confirmara que ni una porción de ella quedaba pendiente. No hubo nada de lo que yo esperaba y, sin embargo repentinamente, como si se hubiera alumbrado una evidencia innegable, supe que tenia mi "señal": había dejado de llorar y de tener miedo. Qué mas prueba?
Ahora, bajo tierra, con el pecho oprimido y las uñas enterradas en mis palmas, me pregunto si soy un alma errante bizarramente prisionera de esta materia que ya no significa nada...
Qué extraño, creo que sentí una gota de lluvia. Sí, comienza a llover.

domingo, abril 27, 2008

Aquí estoy, bajo tierra. Pedí sin ataud y me envolvieron en una mortaja de algodón blanco perfumada con lavanda.
No sé para qué el perfume... Quizás porque en vida me gustaba recoger ramitas de lavanda, meterlas en bolsas de papel filtro y dejarlas entre mi ropa. De todas maneras, visto el estado actual de las cosas, la lavanda no tiene sentido. Y no agradezco el gesto porque estoy muerta y no me importa.
Creí que bajo tierra estaría todo oscuro, pero se filtra algun tipo de luz y distingo las fibras entrecruzadas de mi mortaja.
Por el lado derecho, entre mi codo y mi cintura, se movió la tela y entró tierra: esta humeda, un poco fría -supongo- y huele a lluvia. Cuando estaba viva y era chiquitita vivía en el sur, allá llueve mucho y cuentan -porque yo no me acuerdo- que a veces yo miraba el cielo, olía el aire y dictaminaba -sin error- "va a llover". Ahora tengo esa impresión, como que va a llover. Pero ya no me importa porque estoy muerta.
No tengo hambre, esa es la mayor novedad porque cuando vivía siempre tenía hambre.
No me siento sola o, más bien, no me importa.
Tengo ganas de respirar hondo. Hhhhmmmm! debería sentirme bien, nada me angustia. Estoy bien muerta.