martes, abril 29, 2008

Después de respirar hondo tuve una extraña sensación, como si algo oprimiera mi pecho, así como me pasaba cuando sentía angustia en mi época de viva.
Angustia. Recuerdo la palabra pero no logro asociarle hechos detonantes. Sólo sé que la impresión de tener una roca sobre el pecho me obligaba a concentrarme verdaderamente en el trivial acto de respirar.
A cada respiración mi pecho se inflaba como un globo al borde de la explosión ocupando más y más espacio.
Un acto reflejo, del que tomé conciencia pocos minutos después, me hizo sentir escalofríos: cerré mis puños hasta enterrarme las uñas en las palmas. No logro explicarme como ni por qué, tal vez las características magnético-minerales del suelo en que estoy enterrada propiciaron la conservación - y presente manifestación - de algun viejo errante impulso electroquímico asociado a la angustia.
Todo parece tan lejano.
Me acuerdo cuando se murió mi abuela y me veo a mí misma acurrucada a los pies de mi cama rogando que su alma fuera directo al cielo y no se quedara vagabunda en esta tierra ingrata. Imploré con más fuerzas de las que sabía que tenía. Pedí alguna prueba de que mi demanda era escuchada; observé con angustia cada movimiento que pareciera poco natural, cada cambio de tonalidad de luz, cada ruido inesperado, lo que sea que me confirmara que ni una porción de ella quedaba pendiente. No hubo nada de lo que yo esperaba y, sin embargo repentinamente, como si se hubiera alumbrado una evidencia innegable, supe que tenia mi "señal": había dejado de llorar y de tener miedo. Qué mas prueba?
Ahora, bajo tierra, con el pecho oprimido y las uñas enterradas en mis palmas, me pregunto si soy un alma errante bizarramente prisionera de esta materia que ya no significa nada...
Qué extraño, creo que sentí una gota de lluvia. Sí, comienza a llover.

8 comentarios:

Angel y Demonio dijo...

Lo de las uñas es las palmas me es familiar. Ahora que si estás muerta, puede que sea sólo el rigor mortis ... me dejas un espacio por ahí cerca?? Me gustaría podrirme a tu lado, de aquí a la eternidad. Te quiero, amiga.

raindrop dijo...

¿una gota de lluvia?

Rafa dijo...

Se anegarán nuestros pensamientos, al cabo..?

Hyde dijo...

Si sientes las gotas de lluvia, la opresión del pecho, y hasta tienes recuerdos de la infancia lo único que te vuelve una muerta es saberte muerta. ¿Aún así se extrañará la vida?

Supongo que estás atrapada por siempre en la tierra, ya que no tienes un nieta que rece por tu alma.

Centrífugo dijo...

Y ahora que sigo leyendo no sé si es un eterno retorno, si acaso te soñaste muerta para morir despierta o dejas que las palabras fluyan sobre tu digital cadáver...

Sea lo que sea, no puedo aceptarlo aún.

(pero claro, no hay justicia en la muerte)...

Descansa en paz, P. Quizá descanse tu cuerpo, pero no tu mente...

Centrífugo.

Francisco Méndez S. dijo...

hola: Muy interesantes tus crónicas de la muerte,¿seguimos vivos mientras quede un rastro de nuestro cuerpo? ,O pasamos a fomar parte de un nuevo ciclo que no logramos imaginarnos.

Saludos

Ipnauj dijo...

Sentimientos mortales no se desvanecen.

Un gran saludo.

viviana dijo...

uy uy uy.. qué bueno qué bueno..