Me imagino que, si estuviera viva, sentiría un cosquilleo en el vientre, en los muslos, por los gusanos que me devoran. Pero, cómo puedo imaginar si estoy bien muerta? Tener esta conciencia ya me confunde respecto a mi estado. "Confundirme" es algo que me era tan cotidiano en vida!
Tuve que desarrollar sofisticados sistemas de evaluación y análisis del comportamiento ajeno y propio con el noble fin de dejar de ser blanco de los dardos y veneno letal que se destila en sociedad, pero hubo elementos que nunca percibí con claridad: yo.
Confundí siempre indiferencia con desprecio, pero no fue de buenas a primeras, no. Fue después de sucesivas constataciones de mi condición de sombra o nube o humo, en la vida de ciertas personas. Pero nunca vi que esa distancia la puse primero yo a causa de una decodificación errónea, de una confusión.
El precio de entender que no somos todos iguales lo pagué al tratar de descifrar al mundo a través de mi código individual. Y es que crecí con la perorata de "todos los hombres son iguales", pero cuando se oye ese discurso desde la infancia, se toma a la letra, no se tienen suficientes herramientas cognoscitivas, no se puede profundizar en un mensaje que de literal no tiene nada.
Están queriendo decirte "una diferencia de color /nacionalidad /educación, etc. no te autoriza a descalificar, a pasar por encima de los derechos de nadie" y uno, niño, entiende: "somos todos iguales". Punto.
Cuando era chica creía que todos los padres del mundo eran oficiales de policía y todas las madres del mundo eran profesoras. Obvio, si somos todos iguales es normal que la estructura que yo vivía se reprodujera al infinito. Si a mí no me interesa o me cae mal una niñita de mi clase, no me junto con ella en el recreo. Si quien solía ser mi amiguita se va con otra niña al recreo siguiente y no me busca, es que repentinamente dejé de tener interés para ella o hice algo que le cayó mal. Qué dolor, qué pérdida fatal, sufrimiento indecible!
Porque... somos todos iguales, no? Entonces yo creo que ella funciona como yo y me duele y comienzo, poco a poco, a construir una coraza, a poner una distancia con el fin de no sentir más esa pena...
Entonces no me cabe en la cabeza que la chica pueda simplemente ser voluble (ni siquiera conozco esa palabra) o que la otra niña la invitó primero y que, lógico, nada tenía de malo ir con ella! que, más simplemente aun, una persona querida no me pertenece, no está obligada a existir pegada a mí, en función de mi bienestar.
Sí, señoras y señores!!! hay vida más allá de mi pequeño y precioso ombligo.
La prueba más irrefutable: ya no tengo ombligo y allá arriba no cesa el barullo de todo lo viviente...
Confundí siempre indiferencia con desprecio, pero no fue de buenas a primeras, no. Fue después de sucesivas constataciones de mi condición de sombra o nube o humo, en la vida de ciertas personas. Pero nunca vi que esa distancia la puse primero yo a causa de una decodificación errónea, de una confusión.
El precio de entender que no somos todos iguales lo pagué al tratar de descifrar al mundo a través de mi código individual. Y es que crecí con la perorata de "todos los hombres son iguales", pero cuando se oye ese discurso desde la infancia, se toma a la letra, no se tienen suficientes herramientas cognoscitivas, no se puede profundizar en un mensaje que de literal no tiene nada.
Están queriendo decirte "una diferencia de color /nacionalidad /educación, etc. no te autoriza a descalificar, a pasar por encima de los derechos de nadie" y uno, niño, entiende: "somos todos iguales". Punto.
Cuando era chica creía que todos los padres del mundo eran oficiales de policía y todas las madres del mundo eran profesoras. Obvio, si somos todos iguales es normal que la estructura que yo vivía se reprodujera al infinito. Si a mí no me interesa o me cae mal una niñita de mi clase, no me junto con ella en el recreo. Si quien solía ser mi amiguita se va con otra niña al recreo siguiente y no me busca, es que repentinamente dejé de tener interés para ella o hice algo que le cayó mal. Qué dolor, qué pérdida fatal, sufrimiento indecible!
Porque... somos todos iguales, no? Entonces yo creo que ella funciona como yo y me duele y comienzo, poco a poco, a construir una coraza, a poner una distancia con el fin de no sentir más esa pena...
Entonces no me cabe en la cabeza que la chica pueda simplemente ser voluble (ni siquiera conozco esa palabra) o que la otra niña la invitó primero y que, lógico, nada tenía de malo ir con ella! que, más simplemente aun, una persona querida no me pertenece, no está obligada a existir pegada a mí, en función de mi bienestar.
Sí, señoras y señores!!! hay vida más allá de mi pequeño y precioso ombligo.
La prueba más irrefutable: ya no tengo ombligo y allá arriba no cesa el barullo de todo lo viviente...
11 comentarios:
¡qué sensación! ¿verdad?
La vida sigue sin importarle que nosotros ya no estemos... Y tantas fatiguitas, ¿para qué, entonces?
(hummm... reflexiones sobre la igualdad... a mí aún me da vueltas la cabeza :D)
Fíjate, al fin son los gusanos los que se comen la coraza. Parecía resistente, pero no era a prueba de bichitos.
besos
Me encanta esa evaluación sobre la falta de herramientas cognoscitivas en la infancia. Hace muy poco (horas acaso) hablaba yo de lo mismo frente a 100 personas. Pero con otras palabras. Y alguien también mencionó la distinción entre muertos y vivos, pero se refería a otros muertos. A los que murieron a los 30 y aún no se han dado cuenta. Siguen caminando. Se creen vivos y no saben aún que están muertos. Muertos en vida, por la sencilla razón de que no pueden atesorar su vida...
Fuiste una niña como todas y viviste con lo que te dieron para vivir. Y ahora que has muerto, quizá por alguna fórmula mágica, encuentres una nueva manera de vivir...
Abrazos Centrífugos!
centrífugo habló de mi un muerto viviente, por el momento personal por el que estoy pasando donde me doy cuenta, de nuevo, que el león no es como lo pintan y las reglas del ¡siéntate y cállate! me van a seguir toda mi vida, sin importar lo alto que me encuentre en el escalafón de mando
besos
pasan de nosotros, se torna tan re indolente la vida a ratos...
besotes
te traigo más flores
Señorita P, creo que en su crònica duerme una extraña moraleja, sòlo la muerte no haces iguales...
Un beso, con abrazo y todo
Je suis toujours là, je pense à toi souvent, je plante des fleurs, du maïs, de l'herbe...
Tendres caresses pour ta terre bien aimée...
Un beso gigante, mademoiselle...
...llevas la razón y la verdad, contigo
mientras subía, flotaba entre nosotros su vida, como un manto perenne de amor y protección
gracias
Hola M. P. Hace mucho no venía y extrañaba tus palabras. Antes me conocías por Centrífugo (cuando estabas viva), ahora firmo como Gio, pero es una historia que sólo compartirías de estar aquí).
Miss you.
Gio.
Sentirnos muertos nos demuestra cuan vivos estamos, gracioso, verdad?.
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